11 de septiembre de 2007

9/11: seis años después


"El día de la infamia". "Un ataque contra el mundo civilizado". "Una afrenta a la libertad". Adjetivos de ese nivel surgieron momentos después que el mundo viera en vivo por televisión los ataques terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York, ocurridos un día como hoy, también martes, 11 de septiembre de 2001.

Lo recuerdo como si fuera hoy. No había tenido una buena noche, cuando mi papá me despertó muy alterado diciéndome que había un accidente aéreo en las Torres Gemelas. Le dije "tenaz" y seguí durmiendo, apelando a la indiferencia característica de los colombianos.

Más adelante mi papá me dijo que había chocado otro avión. No lo pude creer, salté de mi cama hacia el televisor y fue gigante la sorpresa cuando vi ese par de edificios en llamas. Uno de mis sueños de infancia había llegado a su fin, viajar a Nueva York y conocer las famosas torres del World Trade Center.

Consecuencias

Era obvio. Estados Unidos había sido golpeado en su orgullo, su honor, y si vemos al al Estado como un hombre, sería el equivalente a un golpe directo a su virilidad.

Desde entonces se izó la bandera de la Guerra contra el Terrorismo, la cual ha dejado hasta hoy una cifra de victimas mucho mayor a la de los hechos del 11-S, donde también fue atacado el Pentágono en Washington y otro avión fue derribado antes de llegar a la Casa Blanca.

Muerte, dolor y desolación, con la excusa de combatir al terrorismo bajo la bandera de la libertad, y con la obvia intención de venganza, fue la acción que dispuso George W. Bush, presidente estadounidense, contra los países principalmente involucrados en acoger a los terroristas de la red de Al Qaeda: Afganistán e Iraq.


No, muchas gracias. No me uno a la infame causa de sangre que promueve George W. Bush y sus aliados. Tampoco me uno al terrorismo de ninguna manera.


Cabe destacar que Irak desempeña otro papel en la guerra. El de ser el "caballito de batalla" de las grandes corporaciones petroleras para, a punta de sangre y fuego, derrocar al régimen de Saddam Hussein con el fin de explotar mejor los hidrocarburos en ese país.

¿En qué estamos?

El luto pasa, pero las imágenes no se borrarán de las mentes de millones de personas que vieron en vivo un hecho digno de una película de ciencia ficción.

La realidad muestra que aún hay desaparecidos, que el ataque contra el Pentágono parece más un invento que un hecho real, el dolor de las familias sigue, y esta es la hora en la que los proyectos de reconstrucción de la “zona cero” se han mantenido en eso, proyectos de papel.

Mostrará mucho dolor el presidente estadounidense ante las victimas del 11-S. ¿Y dónde queda el sufrimiento que a diario viven los pueblos de Iraq y Afganistán ante su propia dosis diaria de muertos?

No se ve que haya mayor posibilidad de solución a un conflicto digno de la intolerancia y demencia propias del terror que vive con la humanidad desde aquellos desafortunados sucesos. Iraq, Afganistán, Medio Oriente, Darfur y Colombia, entre otros, son escenarios que muestran claramente como la guerra propiciada por el 11-S, y otras causas, hacen del terror uno de los negocios más rentables en el mundo.

Es lamentable ver como un concepto tan bello como el de la "libertad" se ha reducido al deseo de que la democracia sea el sistema político reinante con el capitalismo como solución absoluta a los problemas de la humanidad, entre ellos la guerra y el hambre.

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