14 de agosto de 2008

Cuesta mucho asumir la derrota

Encontré un hecho muy curioso hoy, finalizada la sexta jornada de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el cual cito a continuación:

"El luchador sueco Ara Abrahamian rechazó este jueves su medalla de bronce ganada en el torneo de lucha grecorromana de los Juegos Olímpicos de Pekín, dejándola en el suelo."


Todo se debió, según cuenta la Agencia de noticias AFP, luego de la lucha contra el turco Nazmi Alvuca, a que el deportista creyó haber vencido en la semifinal al italiano italiano Andrea Minguzzi, ganador de la medalla de oro en la categoría de los 84 kilos."

En declaraciones posteriores, Abrahamian, quien ya pasó a la historia por su 'conducta olímpica', afirmó:
"Esta medalla no me importa. Quería el oro. Este ha sido mi último combate. Quería el oro, así que para mí estas olimpiadas han sido un fracaso".


Esta situación me sirve como contexto para escribir acerca de aquellos momentos en los que no sólo en la vida, también en el deporte, se pierde la oportunidad de ganar, o de hacer algo mejor y no queda más que lamentos y frustración.


La medalla despreciada.


Para una persona o un equipo acostumbrados al triunfo como Abrahamian, es muy frustrante quedar en segundo o tercer lugar. Es claro que siempre en el deporte se lucha por la supremacía, al igual que en la vida, pero ¿Qué tan validas son esas conductas al rechazar los premios por llegar al podio?

Recuerdo, así como muchas personas, el momento en que Boca Juniors rechazó recibir las medallas de plata por ser subcampeones de la Copa Libertadores 2004, luego de perder con Once Caldas en la definición por penales. Carlos Bianchi, dijo "no sabía que a los que quedaban de segundos les daban medalla". Ante esa situación no hubo sanción alguna, ahora se espera que sí haya una medida disciplinaria en contra del luchador sueco en cuestión.

Así también se pueden recordar muchos episodios deportivos en los que los segundos lugares son tomados como fracaso, y eso está bien cuando se lucha por la excelencia, pero también llega a ser una demostración de clara falta de humildad y de responsabilidad ante el resultado obtenido.

En la vida cotidiana sucede algo muy parecido, ya que la mayoría de las personas es muy competitiva y no les importa hacer lo que sea con tal de lograr sus metas. Si 'llegan de segundos a la meta' para ellos es un fracaso.

También hay que tener en cuenta la dimensión de la derrota, que en el deporte es recuperable cuando haya ocasión de revancha, o en el amor que es recuperable intentando de nuevo, e incluso en el trabajo buscando una nueva oportunidad. Siempre para lograrlo hay que reflexionar en los errores cometidos e incluso en lo que no se hizo para alcanzar la meta.

Es doloroso perder, y a todos nos ha pasado alguna vez en la vida. La acción a seguir no es tomar la derrota como una maldición o culparse a uno mismo hasta el cansancio. Lo importante en esos casos es saber levantarse, aprender de los errores e intentarlo de nuevo. Siempre habrá un mañana mientras estemos con vida.

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