30 de mayo de 2012

El final inesperado de la Academia


Comparto en mi blog la columna de opinión que escribí para Futbolete.com sobre el final de Academia Fútbol Club, que dejará de existir luego de jugar su último partido de Copa Postobón el próximo 12 de junio contra Expreso Rojo.

Cuando llegué al equipo ‘Mandarina’, en octubre de 2010, la perspectiva y los objetivos eran claros, formar jugadores de categoría y lograr el ascenso en no más de dos años. Contrario a ello se da un desenlace que es ‘pan de cada día’ en la B: Venta, traslado y desaparición.


Sentimientos encontrados hay al escribir sobre Academia Fútbol Club, primero la alegría de trabajar en el fútbol, con una empresa seria, respaldada por la empresa privada (Compensar), que representa hasta el último día a mi ciudad, Bogotá. Por otro lado, la tristeza del tiempo reciente con todas las implicaciones de la finalización del club.


La historia del equipo ‘Mandarina’ (No ‘Naranja’, porque ese es Envigado), es como un cuento de hadas sin final feliz. Organización, identidad futbolística, apoyo al futbolista bogotano y a los nuevos semilleros pero con la decisión final de no continuar por inviabilidad económica.


Fruto del proceso de Academia han salido hombres como Ricardo Laborde (Anorthosis, Chipre), Oscar Guerrero (Hamat HaSharon, Israel), Carlos Carbonero (Arsenal, Argentina), y los nuevos valores como Oswal Álvarez (delantero de 16 años en Anderlecht, Bélgica), Omar Frasica (delantero de 19 años, Selección Colombia Sub-20), Andrés Viracachá (lateral derecho de 17 años), Johan Mojica (lateral izquierdo de 20 años) y Alejandro Niño (arquero de 23 años), entre otros.


El objetivo del ascenso fue una meta posible que estuvo al alcance de la Academia en 2007. Recuerdo aquella tarde de noviembre en el Estadio de Compensar cuando hombres como Giovanni Moreno, Dorlan Pabón y James Rodríguez ganaron el ascenso en la capital a favor de Envigado. Luego, contra Deportivo Pereira, no fue suficiente el esfuerzo de jugadores como Edgar Ramos, Francisco Serrano y Mario Muñoz, entre otros.


Pasaron los técnicos, Arturo Boyacá, Eduardo Oliveros, Jorge ‘Chamo’ Serna, Bernardo Redín y Jaime Rodríguez, todos en busca del objetivo de formar no solo a jugadores de fútbol, también buenas personas y profesionales, persiguiendo la meta de jugar en ‘primera’.


Los últimos dos años y medio de la Academia fueron de altas y bajas, con resultados malos como la goleada de Itagüí en nuestro patio 5-1, y momentos de gloria como las dos victorias 1-0 sobre Deportivo Pasto, 2-0 sobre Atlético Bucaramanga, y la última gran alegría que fue el 5-2 sobre Millonarios que le cambió la vida a Oswal Álvarez, quien sin dudas será el próximo Falcao García.


Hubo varios factores que llevaron a los directivos a tomar la decisión de acabar con este sueño, pero no hay que echarle la culpa al alcalde Gustavo Petro. En palabras del presidente Andrés Collazos, no había mucho que hacer porque el máximo dirigente de la ciudad no tiene ni idea sobre nuestra existencia, además de recibir un patrocinio miniatura de ETB durante el último año no hubo mayor apoyo de la alcaldía en los últimos tres años y medio.


Tristemente, no hubo oposición a la venta ante los argumentos expuestos de inviabilidad: sin un patrocinio fijo, sin una taquilla que hiciera rentable al club, el balance no era el mejor así se vendiera uno o varios jugadores al año.


Entre otras cosas, por eso se acaba la Academia, no se traslada como dicen algunos a Villavicencio, porque lo que suceda allá con el nuevo club será otra historia, desligada al equipo ‘Mandarina’. La esperanza que tienen los jugadores y el cuerpo técnico es que se continúe con el respeto a los procesos, el cumplimiento y la seriedad que siempre exhibió Academia F.C.


Para enviar un mensaje de tranquilidad, las escuelas de Compensar siguen funcionando, ya que no dependían de Academia F.C. Sin embargo, el techo ya no será debutar como profesional a temprana edad (entre los 17 y 20 años) porque ya no habrá un equipo profesional al cual llegar y las oportunidades de jugar en los otros clubes de la ciudad claramente son menores.


El final de esta institución debería servir como ejemplo para el fútbol profesional colombiano, especialmente para la Dimayor, que al parecer no le va ni le viene que desaparezcan las instituciones. Hoy es Academia, antes han sido clubes como Pacífico F.C., Centauros Villavicencio, Pumas de Casanare, etc; Mal contados, 45 clubes han desaparecido, cambiado de sede o han sido vendidos en 21 años de la Primera B.


De esta experiencia me quedan muchas lecciones y experiencias que deseo aplicar en el futuro cercano, pero sobre todo, ahora que tengo este espacio, pude comprobar que el amor por unos colores y un escudo no se compra, se adquiere gracias al sentimiento de pertenencia y sobre todo al buen fútbol.


No puedo finalizar esta columna sin expresar mi sincero agradecimiento y eterna gratitud a personas como el Dr. Germán Collazos, Andrés Collazos y Francisco Serrano, que me abrieron las puertas en la Academia y me dieron libertad y herramientas de trabajo, las cuales supe retribuir.


Agradezco a Felipe Trujillo Böhm, porque con él hicimos realidad, en dos ciclos aparte, varios trabajos de clase en lo que es el Departamento de Prensa y Comunicaciones del club. También agradezco a los técnicos (Bernardo Redín y Jaime Rodríguez) a todo el personal técnico, médico y administrativo, pero sobre todo a los jugadores, porque sin ellos el fútbol no sería posible.


Gracias Academia, gracias por todo. Ojalá algún día revivas con tu espíritu y tus colores, llevando en alto el nombre de la capital como siempre lo hiciste.


Por siempre, el equipo ‘Mandarina’ de Bogotá.


Los invito a seguirme en Twitter @Josegacel

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