9 de febrero de 2014

¿Feliz día del periodista?


Este texto quise escribirlo desde hace algún tiempo, pero lo hago ahora conociendo un poco más de la realidad del periodismo, oficio y no profesión, apasionante y muchas veces mal remunerado.

Es conocido y abordado con suficiente difusión que el periodismo es un oficio peligroso en Colombia, especialmente en las regiones apartadas delas capitales principales y en las zonas de conflicto armado, y muchos de los asesinatos a comunicadores quedan en la impunidad.

Sin embargo, a eso no me referiré en este momento, quiero dejar una reflexión sobre lo que hacemos, cómo lo hacemos y qué nos brinda lo que buscamos con pasión y entrega al ejercer la labor periodística.

La objetividad no existe, eso quizás ya no se enseña en los claustros donde se enseña periodismo, pero hoy en día prima el afán por generar "curiosidad", lo que en web se llama "visitantes únicos" en lugar de un equilibrio frente a las noticias relevantes.

En los espacios noticiosos se ha cambiado la parte de farándula y entretenimiento por noticias curiosas, descuidando muchas veces la precisión informativa y buscar lo relevante en otros temas. Las directrices son correctas en muchos casos y medios, en otros no tanto, sin olvidar que la crónica y el reportaje son especies en vía de extinción.

Pero cuestionar los contenidos de los medios no es nada cuando el periodismo en Colombia tiene tres grandes problemáticas de mayor alcance aparte de las amenazas, las cuales simplemente son omitidas porque el periodista no tiene horario y porque debe haber un contenido actual, cayendo muchas veces en imprecisiones y en peligrosos juegos desinformativos y señaladores.

Colegaje.

Me enseñaron en la universidad que era una parte fundamental de ser buena persona en este negocio (más aldeante explico ese término de negocio) tener una buena relación con los colegas y compañeros. ¿Qué tanto se cumple esa premisa de Kapuscinski que a todos nos enseñan sí o sí? ¿Cuando hay casos de injusticia con uno o varios colegas hay colegaje? Daré dos ejemplos diametralmente opuestos:

Hace pocos días el director del Canal Capital, Hollman Morris, denunció amenazas contra su vida, en marco de la campaña de grupos paramilitares que busca intimidar a personajes de la izquierda colombiana como el alcalde de Bogotá Gustavo Petro, la candidata presidencial Aida Avella, el senador Iván Cepeda, entre otros.

La reacción de Darío Arizmendi, director de noticias de Caracol Radio fue de tal descrédito que afirmó que deben ser inventadas. El caso de falta de colegaje puede estar sustentado con otra clase de suposiciones y sospechas a las cuales no me referiré, pero que apenas son punta de un iceberg que se ve en ruedas de prensa y eventos, no solo en política.

Mi sugerencia es que la gente se forme su propio criterio. Que si le interesa un tema de actualidad busque todas las versiones, porque así no nos guste es sano en un ambiente democrático que todos puedan exponer sus puntos de vista.

El segundo ejemplo es el caso del accidente de Javier Borda, periodista deportivo y Web que al cierre de este texto llevaba un mes sin caminar, luego que un irresponsable chocara su auto en el que viajaba con su esposa.

En ese caso sí se ha visto colegaje, solidaridad y apoyo por parte de conocidos y no conocidos al saber de su situación de salud y a que el irresponsable que casi le quita la vida junto a su mujer se escapó y hasta el momento pasea con impunidad ante la nula respuesta de las autoridades.

#FuerzaBorda es un caso de varios que también hay, donde se muestra que a pesar de todo aún queda colegaje en el periodismo más allá de la colaboración con un contacto o un dato específico.

Situación laboral y contractual.

¿Sabían ustedes que hay periodistas con dos o tres hasta cuatro trabajos al mismo tiempo? ¿Se imaginan las plazas de trabajo para otros profesionales (nuevos y con experiencia) si estas estuvieran vacantes?

No se trata de solo 'rosca' o recomendaciones (las cuales se ganan). Conozco casos en los cuales una persona debe tener hasta 4 trabajos periodísticos en diversos campos porque en ninguno de los anteriores logra cubrir sus necesidades.

Puede ser una situación común, pero cuando menos alarmante es cuando esta situación se generaliza y se vuelve constante.

No se trata que cada periodista gane lo que hace cada mes 'Julito' o Arizmendi o Néstor Morales. Es una calidad de vida que debería brindar un solo puesto trabajo, como el de cualquier otro profesional, lo cual me lleva al último punto de la crisis del periodismo en Colombia.

Ausencia de profesionalización.

Una falta de profesionalismo es cuando no se cumple a cabalidad con las tareas, se asume una actitud irresponsable, sin compromiso, etcétera. El problema no es ese, el problema es que el periodismo no es profesión, y si bien puede ser ejercido por cualquiera, la libertad en ese aspecto ha hecho que los derechos del periodista hayan caído en el total libertinaje y descrédito.

Alguna vez hubo una ley del periodista, que exigía pruebas de idoneidad para ejercer y en ese momento, el periodista tenía tarjeta profesional. Claro es que un pedazo de plástico no hace al periodista, pero sí le quita valor frente a otras profesiones. Con decir que hasta los taxistas están en proceso de ser profesionales con todo y tarjeta, prestaciones sociales y demás.

Ocurre que es un tema dejado de lado, quizás por intereses políticos, quizás por intereses de los grandes medios, quizás porque así se ahorran unos pesos, quizás porque todos tienen derecho a recibir y dar información o porque la SIP y la FNPI estuvieron de acuerdo con derogar la tarjeta profesional porque contradecía la esencia del periodismo.

Dejo como constancia una cita que encontré de la entonces presidenta del Círculo de Periodistas de Bogotá, Gloria Tamayo: "Nos atrevemos a denunciar que esto es fruto de una serie de intereses patronales y empresariales" (Negocio).

No se trata de promover un periodismo solo para periodistas (que sería ideal, pero que ante la luz de la legislación colombiana y conociendo casos aislados no es del todo bueno), se trata de promover que los periodistas tengamos lo que es apenas justo por una labor, que si bien es deseada y apasionada, merece ser remunerada y recompensada con lo debido para tener una calidad de vida óptima.

Los periodistas no han despertado en Colombia, y si bien son ese cuarto, quinto o sexto poder, olvidan su bienestar propio, en lo económico y personal por los problemas del mundo, por lo que se debe atender como responsabilidad y con un alto grado de profesionalismo.

El periodismo lo puede ejercer cualquiera, pero no es para cualquiera. Muchos sacrificios se deben hacer de orden personal, económico y de vida social para seguir adelante, en una profesión que no lo es en Colombia, digno de una pasión quijotesca contra los molinos de viento que ofrece cada campo informativo.

El periodismo esta prácticamente desamparado ante la ley y claramente no existe interés de devolverle al periodista su tarjeta profesional ni de brindarle garantías mínimas reales de seguridad social más allá de los contratos verbales o de prestación de servicios que rige el Ministerio del Trabajo.

El precio por hacer lo que uno ama, lo que desea con el corazón es bastante alto. Solo quienes tienen clara su vocación y disfrutan lo que hacen en medio de las turbulencias personales saben que al final vale la pena ser periodista, sin olvidar, que hay mucho por mejorar nuestra otrora profesión en este país.

Una última reflexión: "Señor periodista, hágase bachiller": Jaime Garzón.

Lecturas relacionadas:


Los invito a seguirme en Twitter: @josegacel

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Los artículos reflejan la opinión personal y libre del autor, derecho protegido por el artículo 20 de la Constitución Política de Colombia. Por ello, este blog no tiene nada que ver con el medio de comunicación, empresa o institución para la cual el autor esté trabajando o sus empresas afines.

Creative Commons License
  Castillo bogotano está bajo una licencia de Creative Commons.
Las fotografías y/o logotipos están protegidas por las leyes de autor, y son pertenecientes a José Gabriel Celis B., Castillo bogotano y/o sus respectivos dueños.