21 de enero de 2008

No se pongan bravos con Djokovic

En los siguientes vídeos, Novak Djokovic, reconocido tenista serbio que al día de hoy está tercero en el ránking de la ATP, y disputa el abierto de Australia, imita a varios de los más reconocidos tenistas del circuito internacional. Entre otros sus "víctimas" son Roger Federer, Rafael Nadal, y María Sharapova.

12 de enero de 2008

Una de las miradas de Faitelson

Este es el punto de vista del prestigioso comentarista de ESPN Deportes David Faitelson sobre el décimo lugar en el registro de clubes del mundo de la Federación de Historia y Estadística del Fútbol obtenido por el club América de México en el 2007.

Más allá del comentario, vale la pena ver el estilo de crítica que realiza Faitelson, el cual hace mucha falta en nuestro país.

Gracias a los vídeos de ESPN Deportes, podemos ver una de las miradas de Faitelson.


11 de enero de 2008

El arrojo de Álvaro Uribe


Yo no soy uribista, ni lo he sido, ni creo que lo vaya a ser. Tengo muy claras mis convicciones políticas. Pero eso sí, antes de cualquier cosa soy colombiano y me siento orgulloso de mi país a pesar de las cosas malas que pasan.

4 de enero de 2008

Luego nos preguntamos ¿Por qué estamos jodidos?


Es muy fácil echarles la culpa a otros, pero incluso en la época que debería ser más tranquila del año pasan cosas increíbles. Basado en el día a día y en hechos recientes como el asesinato ocurrido el pasado 29 de diciembre en el Portal Norte de TransMilenio, hago esta reflexión.

Por estos días ha estado muy “de moda” el tema del intercambio humanitario de secuestrados por guerrilleros presos en las cárceles. La propuesta hasta el día de hoy la había lanzado el Presidente de de Venezuela Hugo Chávez Frías: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciaron que liberarían unilateralmente a Consuelo González, Clara Rojas y su hijo menor de edad Emanuel.

El resultado: es que el niño estaba en Bogotá, no en la selva como había dicho el grupo guerrillero y el alto gobierno de Venezuela. La conclusión es que se les tomo del pelo a los garantes internacionales más allá de las operaciones militares que impidieron (hasta ahora) el rescate.

Los colombianos, desafortunadamente, tenemos una alta tendencia a engañar y ser deshonestos, no lo digo necesariamente por el caso de las FARC, también por cosas que pasan todos los días.

Que lindo es engañar

Hace dos o tres días, si la memoria no me falla, subí a un bus en la Avenida 68 con Calle 26, en mí querida Bogotá. La buseta de Coointracondor que llevaba la ruta U.D.C.A. iba llena a reventar a la altura de la calle 116 con Avenida Novena.

Por ello, el conductor del bus estaba dejando subir a gente por atrás ante el terrible sobrecupo del automotor (grave problema que no ha sido solucionado en Bogotá). Dos obreros se subieron, de esos que uno regularmente diría “estos son esas personas que trabajan porque Colombia siga adelante”.

Uno de ellos envío entre la gente que viajaba aprisionada de pie en el bus un billete de mil. La “ayudante” del bus dijo “faltan mil porque son dos” ante lo cual descaradamente dijo uno de los obreros que iba en la parte posterior del bus “no, es que yo mandé ¡dos mil!

Afortunadamente, son más los “colombianos de buena fe”, aquellos de los que se supone que todos desconfiamos. De inmediato la gente en el bus empezó a decir “no, usted mandó uno de mil”. No hubo mayor pelea, el tipo envío otro billete y santo remedio.

Claro, lo que pesó en esa situación no fue el engaño que quiso hacer aquel trabajador, que por bien querer “ahorrarse” mil pesos, que no equivalen al día de hoy a cincuenta centavos de dólar, iba a crear una situación difícil en la hora pico capitalina.

Y claro… ser intolerante paga

Hechos como el que relaté, renglones más arriba, no salen en las noticias ni tienen mayor cubrimiento mediático. Para que eso ocurra debe haber como mínimo un muerto, lo cual sucedió en el Portal del Norte hace una semana.

Yo no fui testigo del hecho, pero si pude ver muchas ambulancias en la plataforma occidental sobre las 9:30 p.m., hora en la que me preparaba para salir a tomar unas cervezas. Más tarde me enteré que el Portal estaba cerrado y sólo hasta el día siguiente me enteré de un caso de intolerancia que apenas debe servir como ejemplo para todos, en el sentido de que cosas como esa no pueden pasar más si queremos un país justo y en paz.

Según la investigación de la “eficiente” Policía Metropolitana de Bogotá, John Fredy Montaño y Carlos Andrés Niño estaban alrededor de las 8:30 p.m. en el túnel sur del Portal orinando en la pared, ya que habían tomado unas cervezas aquella tarde.

Luego de que un obrero, Javier Andrés Pulido Díaz, les reclamara por realizar sus necesidades dentro del sistema de transporte, fue Montaño quien lo agredió con un cuchillo de cocina para causarle la muerte. Pulido intentaba separar a su amigo, John Fredy Mora, de Montaño, quien lo había herido previamente con el cuchillo al intentar defender a su compañero, Carlos Andrés Niño (de 18 años), a quien Mora había recriminado.


Los agresores y la victima fatal.


La atención médica llegó 20 minutos después del hecho


La protesta de la gente no se hizo esperar y por eso no hubo más servicio aquella noche en el Portal


Lo curioso es que no estamos hablando teóricamente de delincuentes, sino de obreros y sembradores de papa en Zipaquirá. Ambos personajes reconocieron participar en el incidente y según comentaron al diario El Tiempo: "a uno no lo pueden agredir de esa manera", al referirse al trato que recibieron de Mora quien les gritó “cochinos”.

Claro, la solución implementada por el alcalde Samuel Moreno es de implementar baños en TransMilenio y enseñarles primeros auxilios a los policías que cuidan del sistema e instalar puntos de ambulancias en los portales. Claramente todo fue fruto de la tragedia y de un acto apenas lógico de dar “contentillo”.

Como bogotano, que viajo casi todos los días en TransMilenio veo como es el colmo de la desidia la actitud y desempeño de los “Policías” bachilleres, que prefieren pasársela jugueteando en lugar de al menos revisar los paquetes que entran en el sistema.

El día que, Dios no lo quiera, haya un ataque terrorista en TransMilenio, similar al ocurrido en Atocha el 11 de marzo de 2004, se tomarán las medidas, pero antes debe haber siempre un muerto de por medio.

La eficiencia policíaca

Y si hablamos de eficiencia, remitámonos al cuerpo de la Policía Metropolitana de Bogotá. Sin dudas deberían hacerse acreedores al premio “Jefe Gorgory” a la astucia contra el crimen.



Además de que dejaron –literalmente- morir a Javier Andrés Pulido Díaz, al no brindarle a tiempo los primeros auxilios, en el caso citado más arriba, no lograron detener a tiempo a los agresores, eso sumado a su ineficiente labor, por lo menos en TransMilenio y sé que me quedo muy corto.

¿Hay derecho a que muy esporádicamente detengan a la gente a la salida de las estaciones para pedirle la cédula? Yo no le debo nada a la ley, deberían darme una calcomanía o algo, porque es realmente insoportable. Pero claro, el crimen sí está libre.

Tampoco hay derecho que ayer en la tarde, en la Carrera 15 con Calle 82 hubiera un grupo de seis motos de la policía de Transito armando trancón en el cruce que sirve para subir al Centro Comercial Andino y la Zona T. Cuando un conductor particular les pitó para que dejaran de andar a medio kilómetro por hora, uno de los policías lo increpó desde lejos alzando el mentón y diciendo con tono muy valiente “¿Entonces qué, hijueputa?”


Mi conclusión con este texto es que todos le echamos la culpa de los males de nuestro país, Colombia, a la Guerrilla, y con esto no quiero hacer apología del delito, ni más faltaba, porque las FARC han desangrado durante más de cuarenta años a Colombia.

También, nosotros, la gente del común, tenemos buena parte de la culpa de que nuestro pasaporte sea burlado en el exterior. De que todas nuestras noticias sean malas.

Esos “colombianos de buena fe” se roban nuestras instituciones, arman trancón por puro gusto, matan porque se les reclama ante algo indebido y se quedan con esos mil pesos que hoy podrían darle comida a un niño de escasos recursos.

Si como colombianos queremos la paz debemos empezar por nosotros mismos, por el día a día. Por ser honestos, más tolerantes, comprometidos, responsables y diligentes.

Indudablemente, la insensibilidad y la falta de valores de nuestra sociedad es la que nos tiene así: jodidos.

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