9 de marzo de 2008

La Maldición de Monserrate

En el deporte, cuando se habla de una maldición es porque hay algún acto indebido como antecedente. En esta ocasión, me permito explicarle a los hinchas de Santa Fe el porqué su equipo ha comenzado a caer y, probablemente, extienda durante muchos años más su sequía de títulos.

Pasando a la terminología general, una maldición es un deseo que se expresa, es una intención maligna que, por obra del lenguaje, llega a cumplirse. De igual manera, para que se dé, debe existir la creencia popular, ya que siempre se trata de una superstición.

Para citar un ejemplo muy cercano, obligatoriamente debo hablar de la 'Maldición de Garabato', que impedía ganar títulos a América de Cali y a la cual se atribuye el hecho que el club ‘Escarlata’ haya perdido cuatro finales de la Copa Libertadores de América.

No necesito hacer un rito en la sala de mi casa con varios tipos de sales, hierbas, fotos y escudos del equipo, ni mucho menos enterrar un animal en el arco sur de El Campín para afirmar que encima de Santa Fe hay una maldición, que si bien podría venir desde 1975 y no la conocemos, hoy se puede decir que su existencia es más probable.

Recuerdo con indignación las imágenes que presentaron los medios de comunicación sobre los actos de vandalismo cometidos en Monserrate por algunos aficionados 'Cardenales', en la conmemoración del aniversario número 67 del club capitalino.

Bancas rotas, grafittis, vidrios rotos y demás dejó un grupo de desadaptados, vándalos y delincuentes, que se hacen llamar hinchas de Santa Fe (porque sé que no todos los hinchas son así), en un sitio más que turístico, sagrado para los bogotanos y colombianos, como lo es la iglesia del santuario de Monserrate.

Claro, la solución más obvia era aumentarle el costo a la boleta de la tribuna sur para los hinchas de la Guardia Albi-Roja Sur, tal como lo hizo correctamente el presidente del club, Armando Farfán, a quien también le agradezco, como bogotano que también soy, de poner la cara ante los desmanes.

Pero lo que no tiene precio, como dice un famoso comercial de televisión, es el hecho de irrespetar, violar, profanar o como quieran llamarlo, un sitio sagrado de peregrinación, sea de la religión que sea.

El fútbol no justifica agredir a otra persona por tener una camiseta de otro color, con otro escudo. Un partido mal jugado o las estrategias del rival para sacar un resultado no justifican la agresión a una niña, así sea la hija de Eduardo Pimentel o la de cualquier otro, ni agarrar a piedras el bus que transporta a un equipo de fútbol. Mucho menos, por el balompié, se justifica irrespetar lo sagrado.

Cuando los hinchas de Santa Fe comprendan que el fútbol es un juego, que es parte del entretenimiento y que debe haber actos mínimos de convivencia, estarán listos para romper la sequía de títulos, la cual va a completar 38 años.

Yo no lanzo la 'Maldición de Monserrate', pero hay actitudes de algunos hinchas, ya citadas, sumadas al ámbito deportivo, que me hacen pensar cada día más de la existencia de ello. Como me decían en el colegio, "por uno pagan todos" y, lamentablemente, es probable que así ocurra con el equipo 'Rojo', que por la acción de unos pocos, tengan todos que vivir lo mismo.

(Publicado originalmente en StudioFutbol.com)

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